Visión nocturna (¡No mires hacia atrás!)

No mires hacia atrás - Francisco Calvo (contiene "Visión nocturna")

Os muestro aquí «Visión nocturna«, uno de los relatos que conformaron el libro que vio la luz en 1999. Constaba de trece relatos de suspense o terror con un trasfondo de crítica social que escribí entre 1993 y 1999. En él se tratan temas como el trato indebido a la tercera edad, la curiosidad extrema, la vanalidad de algunas personas en el devenir de la vida, la ambición desmesurada o la protección de la Naturaleza.

Alcanzó la segunda tirada, también de 500 ejemplares, en el mismo año. En la actualidad existe una tercera edición en papel y una cuarta en ebook, ambas a la venta en amazon. Como muestra de los diferentes relatos os presento aquí Visión nocturna. Espero que disfrutéis de su lectura, y recuerda, mientras lees… ¡No mires hacia atrás!

No mires hacia atrás - Francisco Calvo (contiene "Visión nocturna")

No mires hacia atrás – Francisco Calvo (contiene «Visión nocturna») – de venta en Amazon

Visión nocturna

La noche caía. Sentía temor por lo que estaba seguro de que volvería a suceder. El miedo llegaba a lo más hondo de mi ser. Finalmente, las sombras iban cubriendo las blancas paredes. Por la abertura de la ventana penetraba la tenue luz de la farola.

Sin dominar mi pensamiento, aunque cada día más tarde, comenzaba, de nuevo, otra vez, a ver cómo las paredes cobraban vida en su interior. Pequeños montículos bajo la rayada pintura corrían, persiguiéndose unos a otros, pausadamente; giraban a mi alrededor. Parecían intentar cercarme. Absorto en mis sentidos me acurrucaba. Era extraño. Cada día, al llegar la noche, se repetía la misma pesadilla. Esos agudos ruidos, esas pequeñas bolas que parecían mofarse en mi inseguridad, en mi aturdimiento, y,… de pronto, como todos los días, esas voces lejanas rondando en mi interior, pidiendo auxilio, llenas de rencor, llenas de dolor, suplicando salir al exterior, pero de dónde, de quiénes eran, quiénes serían los atormentados seres que las producían; me ocurría algo extraño. Comenzaba a sentir una extraña sequedad en la garganta, algo que me quemaba, algo que era inexplicable, fácil de apagar, conocía el remedio, pero me resultaba difícil encontrarlo. La sensación era algo superior a mis fuerzas, superior al alcance de mi voluntad.



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En mi mente se fraguaba la extraña sensación de un fuego interior. Me subía por la garganta alcanzando mi cerebro, dando vida a los pequeños montículos que giraban cada vez más deprisa a mi alrededor, escupiendo extraños ruidos, creando en mí absurdas sensaciones, pareciendo con su creciente velocidad llegar a unirse todos ellos en un cerco que me asfixiaba; una extraña rueda que se iba cerrando, poco a poco, asfixiándome, cayendo sobre mí, haciendo crecer en mí ese ardor interior. Como cada noche, dejaba mi inseguro escondrijo sobre el suelo y me levantaba para luchar fervorosa, desesperadamente, contra la nada,… contra el profundo blanco infinito de la flexible pared donde descubría que los pequeños montículos se proyectaban sobre mí; trataba de quitármelos de encima; algo me sujetaba los brazos con fuerza; me estaba venciendo; gritaba en vano, intentando alejar lo que fuera de mí; siempre, tarde o temprano, llegaba a cogerme. Inmenso de desesperación caía rendido sobre el suelo. Todas las noches lo mismo.

* * *

Ha amanecido y he vuelto a la dura realidad. La nueva crisis ha pasado. Me encuentro de nuevo ante la cruel y cruda realidad, en la habitación del centro de rehabilitación. Mis extraños enemigos resultaron ser el reflejo de las ocho borlas que adornan las aspas de un ventilador colgado del techo y mi angustia era provocada por la abstinencia que trato de superar para olvidarme del origen de mi locura, el alcohol. Cada día, sencillamente, con el correr de las horas, el ansia de alcohol, la necesidad de apagar esa extraña sequedad, se apodera, aunque cada vez más tarde, de mi débil mente, haciéndome sucumbir en un mundo de irrealidad, de imaginación, que al llegar la noche culmina con la visión de extraños seres irreales, inexistentes, que llegan a apoderarse de mi cuerpo hasta llegar a robar mi conciencia, momento en el que descanso de mi pesadilla.

Cada día soy más consciente de ello, pero sé que al llegar las primeras horas de la noche, los extraños seres que habitan la pared volverán a acecharme.

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