Hispalis en el siglo III. El claro-oscuro de una incógnita por terminar de descubrir

Pozas de la fábrica de salazón. Antiquarium de Sevilla - Hispalis en el siglo III

Atrás quedaban siglos de existencia desde que, según la leyenda, Melkart, el héroe oriental, también conocido como Heracles por los griegos o Hércules por los romanos, llegara a las costas del Estrecho y fundara la futura Gades romana, actual Cádiz, y, tras ascender por el Guadalquivir, creara en un promontorio no inundable el asentamiento al que los turdetanos llamaron Spal. Más cercano en el tiempo estuvo el momento en el que Julio César, según Fray Isidoro de Sevilla, refundó el lugar con el nombre romano de Colonia Julia Romula Hispalis; Julia en honor a su propio nombre y familia, Romula en honor a Roma, e Hispalis como derivación romana de Spal. Ahora bien, en las monedas encontradas tan sólo aparece nombrada la ciudad como Colonia Romula Hispalis.

Así, en el presente artículo se tratará de mostrar cómo era la capital hispalense, alrededor del siglo III, época en la que se produjo el martirio de las Santas Justa y Rufina, durante el mandato del representante del gobierno de Roma llamado Diogeniano. Se presentarán los diversos vestigios existentes de esa época, así como las diversos postulados de investigadores e historiadores sobre aquéllos edificios y construcciones que aún no han sido localizados. En los apartados finales se presenta el viario de acceso, así como sus arrabales, principalmente en la zona que colinda con el Guadalquivir.

Columnas romanas de la Alameda de Hércules en Sevilla - Hispalis en el siglo III

Columnas romanas de la Alameda de Hércules en Sevilla. Sobre las columnas, trasladadas desde el Templo de la C/ Mármoles, se hallan estatuas de Hércules y de Julio César (autor de las fotos del presente artículo: Francisco Calvo)

Foto de portada: pozas de la fábrica de salazón que puede ver en el yacimiento arqueológico del Antiquarium (fotos del presente artículo: Francisco Calvo)

Hispalis: la distribución de su viario público

Como ubicación romana que fue, su urbanismo se extendía en torno a dos calles principales que convergían en una plaza denominada foro. Pero veamos cómo se distribuían y qué calles pudieron haber ocupado en torno al siglo III, momento en el que tuvo lugar el martirio de las Santas Justa y Rufina. Se ha de partir de la idea de que el asentamiento urbano se extendía por una zona elevada existente entre el antiguo cauce del río Betis, el actual Guadalquivir, y su tributario, el arroyo Tagarete. Se ha de tener en cuenta que el río Guadalquivir cruzaba el actual eje Alameda, Sierpes-Cuna, Catedral, y que su margen derecha era fácilmente inundable. Con el paso del tiempo, el río Betis se fue trasladando hacia el oeste, permitiendo aumentar el terreno ocupado por la ciudad.

En cuanto a las calles principales, el cardus maximus, con orientación norte-sur, pudo discurrir entre la Iglesia de Santa Catalina y la calle Abades, mientras que el decumanus maximus, orientado hacia este-oeste, comenzaba en la calle Águilas, en la Iglesia de San Estebán, y llegaba hasta la Plaza del Salvador. A estas alturas de la historia hispalense el foro ya no ocupaba la zona inicial de las calles Bamberg y Argote de Molina, sino que pudo encontrarse situado en la plaza de la Alfalfa. Con el tiempo la ciudad sería ampliada hacia el norte, continuando el cardus maximus hacia la calle San Luis y surgiendo otro decumanus que pudo haber transcurrido entre la calle Sol y la plaza de la Encarnación. La ciudad era abastecida de agua por el acueducto que llegaba por la zona oriental, muy cercano al decumanus maximus. El único vestigio actual del acueducto son los conocidos como Caños de Carmona.

La muralla de Hispalis

Hispalis estaba circundada por una muralla, cuyos restos o vestigios se llegó a pensar que eran las murallas existentes y claramente visibles en numerosos lienzos, tales como la Plaza del Cabildo, la coracha de la Torre de la Plata, los Jardínes del Valle o la Macarena, pero ya ha quedado claramente demostrado que todas ellas formaban parte de la muralla almohade. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas han dejado constancia de lo que podrían ser vestigios de las diferentes cercas de la muralla romana en diferentes épocas. Aunque se cree que pudo llegar a extenderse hacia el lugar ocupado por la futura Puerta de Córdoba almohade y hasta la Iglesia de San Martín, ya en los últimos tiempos de la Antigüedad, no se tiene certeza clara de su recorrido en la mayor parte de su perímetro.

A continuación se muestra qué restos han sido hallados del recinto amurallado romano. En primer lugar, cabe citar los restos de muros encontrados en el Antiquarium, bajo la Encarnación. Estos podrían pertenecer a la muralla que cerraba la cara norte de la ciudad en dirección oeste-este. Se supone que este lienzo de muralla llegaría hasta la Iglesia de Santa Catalina, donde estaría ubicada una puerta y donde extramuros existió una necrópolis a ambos lados de la actual calle San Luis. 

La muralla oriental de la ciudad pudo discurrir, según algunos investigadores, por San Leandro hasta San Estebán, donde cambiaba de dirección formando un ángulo y dando origen a un barrio triangular en el extremo sureste de Hispalis. En torno a la calle San Fernando se han encontrado unas calzadas que, según las investigaciones realizadas, podrían discurrir extramuros por zonas suburbiales de la ciudad, sobre el terreno elevado que bordeaba al Tagarete; esto implicaría que la muralla tenía como límite la zona perpendicular a la calle San Gregorio. 

Por último, de la muralla que bordeaba al río Betis, en dirección norte-sur, fueron encontrados los primeros hallazgos en los años 50 por Collantes de Terán en torno al eje Cuna-Órfila-Villacís. Otro hallazgo, más reciente aún, han sido los restos de murallas romanas encontrados en las obras del futuro hotel que abrirá sus puertas en la zona de la Plaza de San Francisco-Álvarez Quintero. Se ha hallado un lienzo de muralla de gran anchura en su base, lo cual puede indicar que se buscaba la protección de la base de la muralla ante las crecidas del río. 

Las viviendas de Hispalis

En referencia a la estructura de las casas en la ciudad, las que se encuentran visibles en el Antiquarium de Sevilla muestran cómo entre el periodo que abarca desde el siglo II d.C. hasta el siglo IV d.C. se produjo una concentración de la propiedad en esa zona, de carácter residencial en esos momentos. En las casas del yacimiento predominan los suelos decorados con estupendos mosaicos, con gran amplitud y superficie en sus salas, con más de un patio interior y absorbiendo a casas colindantes, como ocurre con la denominada Casa de las Columnas, del siglo IV d.C. Del resto de edificios de habitación en la ciudad se tienen datos muy escasos originados por catas y excavaciones puntuales en las diversas y continuas obras que se suceden en Sevilla. Por supuesto, como toda ciudad romana, poseía su sistema de conducción de agua y alcantarillado, como se puede observa en la excavación visitable en el propio Antiquarium.

Vista panorármica del Antiquarium desde la Casa de la Ninfa - Hispalis en el siglo III

Vista panorámica del Antiquarium desde la Casa de la Ninfa

Los foros y el culto de Hispalis: sus construcciones asociadas

Como ciudad romana que fue, tampoco faltaron sus edificios monumentales. De los diferentes hallazgos arqueológicos se puede llegar a la conclusión de que existía un templo que pudo estar dedicado, según las primeras investigaciones, a Hércules; sus restos son visibles en la calle Mármoles. Ahora bien, según las últimas investigaciones, tales columnas podrían pertenecer a la entrada a una plaza porticada que pudo estar dedicada al Liber Pater. En el lugar se mantienen tres de las seis columnas iniciales, habiéndose trasladado otras tres a la Alameda y perdiendo una de ellas por rotura en el traslado. Este templo estaba cerca del foro inicial.

De hecho, como ciudad de la época, tampoco faltaron las celebraciones religiosas durante el siglo III d.C., tales como la celebración pública de la festividad de las Adonías en honor a Adonis y Afrodita y de la festividad de Salambó (uno de los nombres de la diosa Astarté, también identificada con la Venus fenicia de Siria y Tiro). Esta última celebración originó el altercado que llevó al martirio de las hermanas Justa y Rufina. 

Otro edificio insigne, cercano al foro que pudo estar situado en la Alfalfa, fue una basílica ubicada en el solar de la Mezquita Mayor y posterior Iglesia Colegial del Divino Salvador; siempre entendiendo a la basílica romana como lugar de negocios públicos y de administración de justicia y no como nuestros actuales lugares de culto, utilidad que les fue dada por los cristianos a algunas de tales basílicas tras la declaración del Cristianismo como religión oficial de Roma. La dificultad para afirmar su existencia estriba en el hecho de que en la excavación realizada en la Colegiata del Salvador no se han hallado restos romanos que afiancen la existencia de tal basílica.

En esta zona, según las excavaciones arqueológicas en la actual Cuesta del Rosario, existían unas termas. También se ha de dejar constancia del hallazgo de un Castellum Aquae o cisterna para acumulación de agua, de tres naves, en la Plaza de la Pescadería, que junto al hecho de encontrarse esta zona en gran desnivel, llevan quizás a desmontar la idea de que en la Alfalfa pudiera existir un foro.

Columnas romanas de la calle Mármoles en Sevilla - Hispalis en el siglo III

Columnas romanas de la calle Mármoles en Sevilla

El gobierno de Hispalis

Otro factor importante de los núcleos poblacionales era la necesidad de gobierno. Así, en la ciudad romana era necesario un gobierno representativo del poder en Roma. No en vano, Sevilla fue elevada a la categoría de ciudad mucho tiempo atrás, llegando a constituirse en su momento en la onceava ciudad del Imperio y unos de los principales centros productivos de la Bética. Debido a su importancia, a las afueras de la ciudad existían diversos edificios con tal cometido.

Lugares importantes al respecto son la ubicación de la curia o lugar donde se reunía el órgano de gobierno ciudadano y del tabulario o archivo documental, si bien, aún no existen evidencias arqueológicas de su posible ubicación. Entre estos edificios de gobierno, según Alonso de Morgado, se encontraba el Palacio del representante de Roma en la ciudad, cuyas funciones ejercía Diogeniano en tiempos del martirio de las Santas Justa y Rufina. Según este autor, el edificio ocupaba el solar donde hoy se ubica la Basílica de María Auxiliadora y antes ocupó el Convento de los Trinitarios. 

En las conocidas como Sagradas Cárceles, hoy visitables bajo el Templo Salesiano, se piensa, según palabras de Morgado, que fueron encarceladas las Santas Mártires. Ahora bien, la estancia ha sufrido modificaciones con respecto a su estructura inicial, la cual era una mera oquedad tenebrosa en el subsuelo, con sendas aberturas laterales donde apenas cabía recluida y sentada una persona. En primer lugar, tras la conquista cristiana, se abrieron una escalera lateral y un acceso vertical; la escalera, aún existente, permite el acceso a la cripta desde el patio claustral anexo a la Iglesia; el acceso vertical poseía escalera desde el centro del Templo rodeada de una verja y en la actualidad está cerrado y sustituido por una única reja horizontal cuadrada de apenas treinta centímetros de lado a modo de ventilación superior.

Sagradas Cárceles de las Santas Junta y Rufina - Hispalis en el siglo III

Sagradas Cárceles de las Santas Junta y Rufina – Hispalis en el siglo III. En la imagen de la izquierda se muestra la entrada actual a las Sagradas Cárceles. El acceso se produce desde el Patio de Domingo Savio, anexo a la Basílica de María Auxiliadora. En la imagen superior derecha se puede ver la bóveda principal, con el altar de las Santa Junta y Rufina en el fondo. En la imagen inferior derecha se observa uno de las celdas laterales; concretamente la aún conserva el inicio de la escalera que unía la cripta con el interior de la Iglesia. En el pasillo de la otra celda se encuentra el pozo en el que, según la leyenda, fueron arrojados el cuerpo de Santa Justa y la cabeza de Santa Rufina, el cual brotó donde cayó la cabeza de la Santa una vez cortada

El comercio y la industria de Hispalis

La importancia de la ciudad también queda patente en las diferentes industrias existentes en ella. No en vano, ya en el siglo I d.C. existía una fábrica de salazones donde se trataban las capturas realizadas en el río Betis y en las costas de Gades y Onuba, las actuales Cádiz y Huelva, respectivamente. De ello quedan los depósitos de salazón que se pueden observar en el yacimiento del Antiquarium, en aquella época zona cercana al río Betis. Ahora bien, ya en el siglo III d.C. esta zona se había convertido en una zona residencial.

Por otro lado, se han hallado numerosos restos de alfares en los que se producían diversos tipos de cerámica, como el encontrado en la zona del Hospital de las Cinco Llagas o en la calle Esperanza, algunos datados del siglo II d.C. y otros sin datación exacta, con hornos y almacenes, como los de la calle San Luis, los del entorno de la Diputación o los de la Avenida de Roma; estos últimos sobre los restos de una antigua calzada con edificios porticados a ambos lados, quizás un conjunto de tabernae (establecimientos de comida) y horrea (almacenes).

Claro ejemplo del poder comercial de Sevilla fue su puerto, situado en el extremo suroeste de la muralla, en la confluencia del arroyo Tagarete con el río Betis. Era la zona ocupada en la actualidad por el Palacio Arzobispal, la calle Placentines y la calle Francos. A partir de mediados del siglo III d.C. la ubicación de las instalaciones portuarias no tienen ubicación conocida. Otro factor industrial de la ciudad queda reflejado en los restos de la fábrica de lucernas visitable en el Antiquarium, sin dejar de lado la industria del oro verde, también presente en Sevilla, como lo demuestran los depósitos aceiteros encontrados en la calle Francos. A lo largo del río Betis existían numerosos puertos fluviales desde donde barcos de poco calado transportaban el aceite de los olivares hasta Sevilla. Desde la Hispalis romana se enviaba el aceite a Roma en barcos mayores.

Lucerna fabricada en la fábrica encontrada en el Antiquarium - Hispalis en el siglo III

Lucerna fabricada en la fábrica encontrada en el Antiquarium

Relacionado con esta actividad, en su momento también fueron encontrados restos de postes de madera que podrían haber pertenecido a embarcaderos que permitían acceder al río en la zona exterior del lienzo de murallas a la altura del Salvador y de la calle Cuna. Postes de igual índole se han encontrado en las excavaciones de la Avenida de Roma y en Sierpes, hasta alcanzar la Plaza de la Encarnación, ya en el muro norte, lo cual podría indicar que la zona exterior de la muralla occidental y norte cercana al río Betis estaba colmada de embarcaderos. No en vano, en el entorno de la Plaza Nueva se encontraron restos de embarcaciones de madera. 

En la zona portuaria se han encontrado restos de una construcción que pudiera haber sido un horreum o almacén de grano en las excavaciones del Patio de Banderas de los Reales Alcázares. De diversas inscripciones epigráficas de época romana se tiene constancia de la existencia de diversas corporaciones profesionales que operaban en el puerto de Hispalis, como el corpus oleariorum que trabajaba para la Annona, la entidad que procuraba que el grano y otras materias primas llegaran a Roma para que no faltase a la población; o la sede de las representaciones comerciales de los colegios profesionales de aquellos que abastecían a Roma, lo que para algunos pudo ser un foro de las corporaciones de menor índole que el de Ostia, aunque en realidad pudo ser tan solo una statio Romulensis, con inscripciones y estatuas a Minerva Augusta y a Venus Augusta, y que actuaba como centro combinado para los negocios en el puerto.

El ocio en Hispalis

Otro aspecto importante de una ciudad romana era la existencia de lugares de relax y de ocio para el ciudadano. De hecho, como ya se ha comentado, en la ciudad no faltaban las termas, como las ubicadas en el solar del actual Palacio Arzobispal, cercano a la zona portuaria.

También se piensa que pudieran haber existido edificios para actividades lúdicas como un anfiteatro, un circo y un teatro. No en vano, el autor Alonso de Morgado, en su Historia de Sevilla, ya hablaba del hecho de que Santa Rufina fue arrojada a un león en el anfiteatro de la ciudad, aunque el fiero animal no ocasionó mal alguno a la joven sevillana. Ello implica que en el siglo III, según Morgado, aún se encontraba en funcionamiento el mencionado anfiteatro. La opinión de los arqueólogos e investigadores se centra en la idea de situar el teatro en la zona del Convento de Madre de Dios y los otros dos edificios en la zona comprendida entre el Palacio del Procurador y el arroyo Tagarete, en el espacio que actualmente se encuentra entre el Centro de Salud de María Auxiliadora y el barrio de la Calzada, zona ubicada en aquel entonces entre las dos salidas de ambos decumanus

Las necrópolis de Hispalis

Toda ciudad donde se practicaba la inhumación o enterramiento de los difuntos necesitaba de un lugar habilitado para ello. Entre las diversas necrópolis que poseía la ciudad de Hispalis se encontraban las áreas de la Trinidad-Carretera de Carmona-La Colza, con el Campo de los Mártires y el Campo de Santa Justa; la de San Bernardo, que llegaba más allá del Tagarete; la situada entre San Agustín y la Puerta de la Carne; y la de San Telmo-Fábrica de Tabacos, entre los más suntuosos. Ahora bien, existieron otras como la del Tamargillo, la de la zona de Ronda de Capuchinos y la hallada en el entorno de El Salvador, lo cual implicaba que la muralla llegaba hasta esa zona, pues los enterramientos solían ser extramuros.

Las vías de acceso y los arrabales de Hispalis

En cuanto a la comunicación de la ciudad con el territorio se va a seguir el Itinerario de Antonino, creado al inicio del siglo IV d.C., y en el que se puede ver cómo estaban distribuidas las vías de comunicación en el siglo III d.C. De él se tiene constancia de que Hispalis estaba comunicada con Gades y Corduba a través de una vía identificada con el tramo más meridional de la Vía Augusta. Así, partía desde Gades, pasando por Orippo (Dos Hermanas) hasta alcanzar Hispalis, desde donde partía hacia Corduba. Esta vía tenía dos accesos a la ciudad. Una por la zona de la actual Puerta de la Carne y otra cercana a la actual Puerta de Carmona.

Otra vía importante era la que alcanzaba a Hispalis por el vado de la Cartuja entrando en Sevilla por la zona de la futura puerta de Goles almohade y la actual calle Alfonso XII, hasta llegar al Duque; esto implicaba que no fuera necesaria la existencia de puentes sobre el río para acceder a Sevilla desde la margen en la que más tarde, ya en época andalusí, se ubicaría el arrabal de Triana. No en vano, el río entraba por la Alameda de Hércules y se dirigía hacia la Plaza Nueva, lejos de su ubicación actual. Esta vía provenía de Onuba y al llegar a la cañada que une Castilleja de Guzmán y Camas se dividía en dos. Una bajaba directamente por dicha cañada y la otra se desviaba hacia Itálica para volver a unirse a la primera. Esta calzada, conocida como Vía de la Plata, continuaba hacia el norte camino de Emérita Augusta. El acceso a la ciudad pudo encontrarse en la zona de Santa Catalina, donde el viario actual deja entrever las posibles ramificaciones de dicha puerta, hacia Sol, San Luis y centro.

Por último, con respecto a la existencia de arrabales y construcciones diversas a las afueras de la ciudad, además de las ya citadas, cabe mencionar múltiples villas situadas en los alrededores de Hispalis. Muchas de ellas poseían alfares en los que se fabricaban los envases en los que se transportaba el producto, aceite o vino, para su traslado y venta. De hecho, la terminación del topónimo Triana, podría tener ascendencia romana, como el de muchas otras villae cuyo topónimo acababa en -ana (Coriana), -ena (Gerena) e -ina (Valencina), algunas de los cuales llegaron a convertirse en núcleos poblacionales. Así pues, si se tiene en cuenta la existencia de caminos entre huertas, como el que partía hacia Aznalcázar, actual Avenida de Coria, o el que ocupaba la zona de Tejares y San Vicente de Paúl, así como la existencia de una zona más elevada al norte de la cava, hacia donde confluían estos caminos, se podría decir que pudo haber una villa en esa zona que dio origen a la alquería islámica, si bien, no coincidente con el lugar ocupado por el Castillo y su arrabal contiguo de la calle Castilla, ambos ya de época andalusí. Ahora bien, aún no han sido hallados restos de tal villa.

Conclusión

Sea como fuere y a pesar de las circunstancias comentadas, desde finales del siglo III d.C. se tiene la certeza de que en determinadas ubicaciones la ciudad se redujo, como puede ser el caso de la zona de la calle Matahacas o de la Plaza de San Leandro, donde los restos encontrados fueron en su momento cubiertos con enterramientos posteriores o los restos de limos debidos a inundaciones ocasionadas por el Tagarete. De hecho, y a modo de cierre de la presente exposición, se ha de comentar que, a pesar de la prosperidad que en su tiempo tuvo, el final del siglo III d.C. y el siglo IV d.C. fueron épocas difíciles, como lo demuestra el análisis de los restos funerarios hallados en algunas tumbas, que permiten estudiar la edad y el motivo de la enfermedad por la que falleció la persona. Momentos difíciles que precedieron a nuevos momentos de esplendor con la llegada de los pueblos godos y con ello el resurgir de figuras históricas como Recaredo y San Hermenegildo o la obra de personas insignes como Fray Isidoro de Sevilla.

Bibliografía

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  • GARCÍA VARGAS, Enrique: “La Sevilla tardoantigua. Diez años después (2000-2010)”, en BELTRÁN FORTES, José y RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, Oliva (Coord. científicos): Hispaniae Vrbes. Investigaciones arqueológicas en ciudades históricas, Sevilla, Universidad de Sevilla-Secretariado de Publicaciones, 2013, pp. 881-926.
  • MORGADO, Alonso de: Historia de Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla – Instituto de Cultura y las Artes (ICAS), 2017, Libro I, pp. 8(r)-12(r) y Libro II, p. 129(v).

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